Ruta del Valle de Alcudia y Sierra Madrona

Esta es una ruta de larga distancia que para ser aprovechada en su totalidad requiere disponer de la mayor cantidad de tiempo posible. Así que, tendréis que valorar tanto las horas diurnas que nos ofrezca el momento del año como nuestra disposición a madrugar. Se desarrolla en uno de los espacios naturales más extensos y menos afectados por la acción antrópica que podemos disfrutar en la provincia de Ciudad Real, ya que, si bien la presencia del hombre ha sido una constante desde la prehistoria hasta la actualidad, la integración entre la naturaleza y la actividad humana desarrollada en la misma nos ha dejado un perfecto ejemplo de simbiosis entre ambas.

El Parque Natural del Valle de Alcudia y Sierra Madrona

El Parque Natural del Valle de Alcudia y Sierra Madrona  es un extenso paraje situado en la transición de la Meseta Sur a Sierra Morena, consistente en una depresión de 1200 km2 regada por diversos arroyos como el Alcudia, el Tablillas o el Guadalmez, que se desarrolla de este a oeste y está delimitada por sierras que acotan la misma al norte y al sur.

Se trata de uno de los ejemplos de mayor tamaño y mejor conservado de bosque mediterráneo, que alterna zonas boscosas primigenias sin alterar con grandes extensiones degradadas desde antiguo, que se conocen como dehesas. Estos espacios, fruto de su acondicionamiento para el uso ganadero, combinan grandes pastos, posibles gracias a la fertilidad del valle y su irrigación, con ejemplares aislados de encinas de gran porte que permitían acoger bajo su sombra a la ganadería ovina extensiva que acogía. De hecho, aún pervive está funcionalidad en el nombre de uno de los ejemplares de mayor tamaño conocido de esta especie, la llamada “encina de las mil ovejas”


Este aprovechamiento ganadero estuvo ligado desde sus inicios a las prácticas de trashumancia llevadas a cabo desde la Edad Media por los ganaderos castellanos y leonesas, cuyo comercio con Europa, basado en la lana de las ovejas merinas importadas desde El Magreb, eran la base de su economía. La práctica en si suponía el desplazamiento del ganado desde los pastos de primavera y verano en el norte a los de otoño e invierno en el sur para aprovechar los mismos según las condiciones climáticas. Con el tiempo dichas prácticas se institucionalizaron dando lugar al llamado Concejo de la Mesta, asociación de ganaderos fundada en el s. XIII por Alfonso X, el sabio, y que contaba con numerosos privilegios, como la exención de servicios militares a la Corona. Su disolución en el s. XIX nos legó estas amplias reservas naturales tan poco alteradas y una amplia red viaria denominada pecuaria, cuyo mejor ejemplo, las Cañadas Reales, podían contemplar 100 m. de anchura y que hoy en día son la base de numerosas rutas de senderismo.

La minería

El otro gran recurso natural explotado desde antiguo en esta zona es la minería, que se desarrolla principalmente en las zonas montañosas tanto al norte como al sur. Sin duda, el aprovechamiento minero más importante y conocido, ya desde la antigüedad, es el de Almadén, situado en el extremo noroeste. De allí se extraía el cinabrio, conocido por los romanos como argetum vivum, del cual se obtiene el mercurio. De hecho, es el yacimiento de este metal más importante del mundo y está declarado Patrimonio de la Humanidad desde 2012.


Uno de los lugares que mejor representa esta dualidad, ganadera-minera, es el núcleo de La Bienvenida, actualmente apenas poblado pero que se asienta sobre los restos de la antigua ciudad de Sisapo, desde donde los romanos gestionaban el mencionado yacimiento de cinabrio de Almadén. Su actual nombre, sin embargo, está asociado a la ganadería, ya que tras haber sido desplazada por esta última localidad en cuanto al interés minero, vivió un segundo esplendor gracias a la trashumancia, que tenía en este punto el lugar de reunión de quienes arribaban a sus pastos, de ahí su nombre.


A pesar de la importancia que atesora esta manifestación minera, dada la gran distancia que implica esta ruta, no vamos a incluir Almadén ni su entorno en la misma, ya que merecen, por méritos propios, una en exclusiva. Incluso excluyendo estos puntos de interés nos enfrentamos a una ruta de gran recorrido que nos obligará a elegir desgraciadamente entre sus múltiples y diferentes atractivos.

Minas de Horcajo

Tras atravesar el valle de Alcudia, cuyas vistas disfrutaremos desde el mismo coche, el primer destino de esta ruta es el pueblo minero abandonado de Minas de Horcajo. Este núcleo de población se formó alrededor de la mina de plata localizada en las inmediaciones en el s. XIX y hasta su abandono, a principios del s. XX, llegó alcanzar la cifra de 3000 habitantes.

Para llegar, tras bajar el Puerto de Niefla, abandonaremos la carretera en el punto indicado en el mapa para acceder mediante un camino en buen estado hasta el túnel que desemboca en el citado núcleo. Este camino se desarrolla en paralelo a un arroyo cuya agua y vegetación proporcionan cobijo a gran cantidad de fauna, por lo que, a primeras horas de la mañana es fácil observar ciervos en las inmediaciones.

NOTA: Existe otra opción para llegar a este punto que nos obligará a dejar el coche en la coronación del puerto mencionado y acceder, por un portillo situado a tal efecto, a una ruta a pie, siguiendo el antiguo trazado del tren minero, que desemboca en el mismo lugar (4,7 km.)

Este peculiar túnel era usado a principios del s.XX por un tren para acceder a los recursos mineros que se extraían en este yacimiento argentífero. Actualmente se puede recorrer a pie, en cuyo caso aconsejamos abrigaros, ya que incluso en verano la temperatura desciende bruscamente, o en coche, para lo cual hay dispuesto un sistema de semáforos para informar de la ocupación del túnel en cada momento. Recomendamos encarecidamente la primera opción, sobre todo si viajan con niños.
Tras atravesar este túnel, de un kilómetro aproximadamente, desembocamos en lo que queda del otrora pueblo minero. La práctica totalidad de las viviendas ha quedado reducida a sus cimientos y los únicos edificios en pie son aquellos que ostentaban alguna función pública, como la iglesia, el castillete de acceso a la mina, la central hidroeléctrica o el polvorín (colonizado por murciélagos).

A las afueras del pueblo, atravesando las vías del actual trazado AVE bajo un puente, se llega a un impresionante viaducto que usaba el antiguo tren para atravesar un collado. Sin embargo, el acceso está restringido y muy vigilado por hallarse en una finca privada.

En el extremo opuesto a la entrada también hallaréis una zona habilitada para comer a cubierto, con mesas y bancos de madera.

Senderismo

Tras volver a la carretera seguimos ruta hasta el Área Recreativa “Fuente del Almirez”, donde tenemos la opción de que los niños disfruten con un espacio pensado para ellos, “el bosque de las huellas”. Se trata de un compacto recorrido acompañado de cartelas que describen los animales presentes en este ecosistema a través de sus huellas, acompañadas de su representación en el suelo mediante moldes pétreos.

En el caso de que no viajemos con niños o tengamos otras prioridades continuaremos hasta otra área recreativa, la del “Arroyo del Azor”. Esta es una zona de gran tamaño, dotada de mesas, bancos, barbacoas y contenedores de basura, en un espacio arbolado en la ribera del río del Pueblo, alrededor de la ermita de San Isidro. Es un buen lugar para comer al aire libre si hemos previsto esa opción, pero si preferimos un restaurante o el tiempo no acompaña, unos kilómetros más adelante tenemos la excelente propuesta gastronómica que ofrece el Hotel Sierra Madrona, especializado en carnes de caza.

Desde esta zona de picnic se puede iniciar una ruta de senderismo de gran interés que permite contemplar la llamada Chorrera de las Sierpes y un magnífico ejemplar de roble, llamado el abuelo por su longevidad.

Chorrera de las Sierpes. Foto Mancha Ignota

Pinturas rupestres

Otra opción interesante es llegar hasta la cercana localidad de Fuencaliente, en cuyas inmediaciones encontraremos interesantes muestras de arte rupestre integradas en parajes naturales de gran belleza.

Para ello retomamos la carretera que hemos usado hasta ahora, y tras pasar el mencionado Hotel Sierra Madrona, advertiremos a la izquierda una pista forestal que indica la dirección a seguir. Continuando por la misma llegamos hasta el campo de fútbol municipal, donde se nos presentan dos alternativas para visitar el mismo lugar, la cascada y pinturas rupestres de La Batanera.

Si continuamos por el camino llegaremos a un aparcamiento desde donde parte una ruta a pie que baja, mediante un camino escalonado y dotado de pasamanos de madera, hasta este paraje de gran belleza.
Si giramos a la derecha llegaremos a un punto desde donde iniciar una ruta más larga, que siguiendo el curso del río nos llevará a los pies de la misma cascada y hasta las pinturas mencionadas. Este itinerario también se encuentra acondicionado con pasarelas, escaleras y pasamanos de madera y atraviesa una zona de gran riqueza faunística, en especial de quirópteros.

Si después de esta experiencia nos quedan ganas, tiempo y fuerzas podemos continuar por el camino que hemos descrito hasta otro ejemplo de pinturas rupestres, las del Abrigo de Peña Escrita, desde cuyo aparcamiento se accede fácilmente tras recorrer una buena pendiente.

Tras esta extenuante pero intensa ruta no queda más remedio que volver a casa y recuperar fuerzas para volver a la carga al día siguiente con otra de nuestras rutas propuestas.

 



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